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¿Hay que institucionalizar el papel de la pareja del presidente del Gobierno? Un debate con sesgo patriarcal

"¿Por qué presuponemos que esa cercanía le da una proximidad que otros parentescos no tienen? ¿Por qué no regulamos el de los hermanos, padres, o hijos?", se pregunta Verónica Fumanal, experta en comunicación y liderazgo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a su mujer, Begoña Gómez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a su mujer, Begoña Gómez. Álex Cámara / Europa Press

No, Alberto Núñez Feijóo no ha dicho que la mujer del presidente del Gobierno no pueda trabajar. Pero sí ha dicho que "hay parejas de presidentes que han dejado de trabajar para no tener ninguna duda al respecto", que "ninguna mujer de ningún presidente del Gobierno se ha visto envuelta en la situación en la que están Sánchez y su pareja" y que, de ser presidente del Gobierno, le pediría a su pareja que "no tenga contratos con la Administración pública".

Más allá de que los hechos por los que derecha y extrema derecha cercan a Begoña Gómez no incluyen ningún contrato con la Administración — supuestamente, lo que hizo Gómez fue firmar unas cartas de recomendación en 2020 para la empresa de un compañero del máster de la Universidad Complutense de Madrid, de cara a un proceso de adjudicación de ayudas públicas—, y de que sobre la mujer del presidente del Gobierno se vienen vertiendo bulos —ataques machistas y tránsfobos— desde hace tiempo: ¿Tiene límites profesionales la pareja del jefe del Ejecutivo? ¿Dónde están?

Para abordar este asunto hay que partir de una realidad: hasta el momento, en España, las parejas siempre han sido mujeres porque todos los presidentes del Gobierno de la democracia han sido hombres heterosexuales.

Amparo Illana, esposa de Felipe González; Pilar Ibáñez, de Leopoldo Calvo-Sotelo; Carmen Romero, casada con Felipe González; Ana Botella, esposa de José María Aznar; Sonsoles Espinosa, de José Luis Rodríguez Zapatero; y Elvira Fernández Balboa, la esposa de Mariano Rajoy, precedieron a Begoña Gómez en el papel de cónyuge del presidente del Gobierno. Una figura no política, sin regular y a la que cada una de ellas se adaptó de manera distinta.

Después de los ocho años en los que Botella ejerció de 'perfecta' primera dama acompañando a Aznar en viajes y actos oficiales —aquella experiencia le valió un libro y la catapultó a la Alcaldía de Madrid—, llegó Sonsoles Espinosa, esposa de Zapatero, que se enfrentó así al poder adquirido por su marido: "Yo no he hecho oposiciones para ser la mujer del presidente".

Así, no todas mantuvieron sus carreras profesionales. La esposa de Rajoy, por ejemplo, no lo hizo. Quizás a ella se refería Feijóo cuando señaló este miércoles en Onda Cero que había parejas que habían dejado sus trabajos. Pero, aún no haciéndolo, ¿habría qué imponer líneas rojas como dijo el presidente del PP?

"Eso ya está regulado. Se puede contratar con la Administración, pero es él [por el presidente del Gobierno] quien se tiene que inhibir. Es obvio que si uno está casado con un presidente del Gobierno tiene que tener cuidado, pero el resto del debate es pernicioso porque vuelve a poner a la mujer supeditada a estar detrás del hombre", apunta la experta en comunicación política y liderazgo Verónica Fumanal. Precisamente la no inhibición de Sánchez es lo que el PP ha denunciado ante la Oficina de Conflicto de Intereses, que archivó la denuncia.

Lo cierto es que el foco que apunta a Gómez no se ha trasladado con la misma intensidad a las parejas de otros altos cargos políticos hombres. "¿Por qué no hablamos de lo que debería o no debería hacer el marido de Ayuso, de Marga Prohens, de María Jesús Montero o Yolanda Díaz?", se pregunta Fumanal.

Si bien la relación de Alberto González Amador e Isabel Díaz Ayuso, que no están casados, también copa la actualidad política a raíz del fraude fiscal cometido por él, no se cuestiona si su trabajo es idóneo siendo pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

¿Y si se institucionalizara el rol de primera dama o primer caballero? "Si se institucionaliza la figura de la primera dama o el primer caballero hay que darles un sueldo público porque estamos limitando su actividad profesional", apunta Fumanal, quien también pone sobre la mesa otro asunto clave. "¿Por qué presuponemos que esa cercanía le da una proximidad que otros parentescos no tienen? ¿Por qué no regulamos el de los hermanos, padres, o hijos?", razona.

Una figura en el limbo global

En España, como monarquía parlamentaria, la figura de primera dama correspondería a la reina Letizia, como esposa del jefe del Estado. Y, a nivel global, también es una figura que está en el limbo. En el año 2017, Emmanuel Macron dio un paso para otorgar una "función pública" oficial a su esposa, Brigitte Trogneux, aunque sin asignación económica por parte del Eliseo. En Alemania, Ángela Merkel gobernó estando casada con Joachim Sauer, un científico con alergia a la exposición pública y mediática que fue primer caballero desde la distancia sin levantar suspicacias. El melón siempre se abre con las mujeres.

El término primera dama apareció a finales del siglo XIX, en la prensa sensacionalista de Estados Unidos, para referirse a las esposas de los presidentes norteamericanos y elogiar un modelo de familia tradicional.

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